Experimentamos un gran choque entre lo que nos ofrece la sociedad que hemos creado y lo que nos demanda nuestra naturaleza humana. Pensamos que el sistema adolece de una gran crisis: está enfermo. Consideramos que el enfoque que nos atrae no se basa en minar el sistema con otros virus aún más destructivos, ni en intentar suministrarle fármacos para estabilizarlo, sino en desarrollar células madre de una nueva humanidad, basada en el amor fraterno y el respeto por nuestra madre Tierra. Estas células, como ocurre en todo organismo multicelular, tienen diferentes funciones, formas e idiosincrasias, pero están íntimamente interconectadas con el todo, y, aunque pretenden una cierta autosuficiencia funcional, no están aisladas, siendo su objetivo final el bien común de todo el organismo.
De ese modo, compartimos experiencias, aprendemos unos de otros, ponemos nuestras herramientas a disposición del grupo, y fundamentamos nuestra actuación en la educación. Por eso los cursos y encuentros que ofrecemos tienen un carácter práctico y formativo, y su precio es asequible a todas las economías, e incluso ofrecemos la posibilidad de corresponder a los mismos de otro modo que no sea el económico.
Creemos en la capacidad del ser humano de vivir en armonía con sus semejantes manteniendo el equilibrio del medio que lo sustenta, en la capacidad del grupo de asegurar una calidad de vida digna y elevada de sus miembros sin extenuar los recursos del planeta basando su acción en la capacidad creativa de las personas, y en el compartir para evitar el exceso de consumo.
Creemos que es fundamental que el hombre retome el contacto con la tierra, con el fruto de su trabajo, con los placeres sencillos de la vida: el aire puro, el sol, los alimentos naturales, los niños corriendo por el campo, los ancianos como miembros sabios de sus familias… me recuerda el discurso de Toro Sentado…, ¿estaremos haciendo el indio?.